lunes, 24 de agosto de 2009


Ahogada en mi esperanza, tan pobre, fría y desgarrada, un silencio crece en el interior de mi alma. Cubre con sus siniestras garras, que al mismo cuello amarra, rompiendo en gritos de agonía, al débil hilo de la vida. Cuanto más busco la semilla que haga crecer en mi la alegría, en misteriosa caminante me veo convertida. Camino por senda dolorida, más corva y menos altiva, arboles que son los muros de mi fortaleza ya vencida. Piedras que al paso hieren a mis pies ya descalzos que trajeron consigo momentos de fortuna al tiempo que amargos ríos que con sinuosa figura dibujaron mi tortuoso pasado en arroyos y cascadas y en su fin, mi candor quebrantado. Hojas que han sido mi lecho en oscuras y amargas noches de fantasmas burlones y sueños de viejas historias y cuentos. Camino por senda dolorida, más corva y menos altiva, arboles que son los muros de mi fortaleza ya vencida.

Felicidad es el momento que no tiene prisa y que no quieres dejar ir jamas.

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